Las tormentas eléctricas pueden producir algunos de los fenómenos luminosos más espectaculares de la atmósfera. Además de los rayos que vemos entre las nubes y el suelo, existen destellos que ocurren a grandes alturas y que durante mucho tiempo fueron difíciles de observar. Algunos duran apenas unos milisegundos y aparecen sobre enormes tormentas, por lo que durante siglos pudieron pasar completamente desapercibidos.

Uno de estos fenómenos recibe el nombre de “sprites”. Son grandes descargas eléctricas que pueden producirse en la atmósfera superior, muy por encima de las nubes de una tormenta. A diferencia de un rayo convencional, no suelen presentar la apariencia de una línea brillante que cae hacia el suelo. Pueden adoptar formas rojizas, ramificadas o similares a medusas y extenderse durante decenas de kilómetros.

Los sprites no son los únicos eventos luminosos de este tipo. También existen otros fenómenos transitorios conocidos como jets azules y elves, cada uno asociado con procesos eléctricos diferentes en las capas superiores de la atmósfera. Algunos se producen durante fracciones de segundo y requieren cámaras especiales o condiciones particulares para ser registrados correctamente.

Durante mucho tiempo, los científicos recibían informes ocasionales de pilotos que aseguraban haber visto extrañas luces sobre las tormentas. Sin embargo, estas observaciones eran difíciles de comprobar. La situación comenzó a cambiar cuando las cámaras y los sistemas de observación mejoraron. En las últimas décadas, diferentes instrumentos permitieron registrar estos fenómenos y estudiar sus características físicas con mucho mayor detalle.

El color también ofrece información importante. Los tonos rojizos de los sprites están relacionados con la interacción de las descargas eléctricas con determinados gases de la atmósfera a grandes alturas. Como la composición y la densidad del aire cambian con la altitud, la luz producida durante estos eventos puede presentar características diferentes de las que vemos en los rayos cercanos al suelo.

Lo más curioso es que estos destellos estuvieron siempre allí, incluso antes de que supiéramos identificarlos. La dificultad no era que fueran demasiado extraños para existir, sino que ocurrían demasiado rápido y demasiado lejos para ser vistos fácilmente desde la superficie. Hoy, cada tormenta intensa puede convertirse en una oportunidad para estudiar estos espectáculos eléctricos que iluminan regiones de la atmósfera que normalmente permanecen completamente fuera de nuestra vista.

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