Hay personas que pueden despertarse y contar un sueño con todo lujo de detalles. Otras, en cambio, sienten que soñaron pero apenas unos segundos después ya no pueden recordar qué ocurrió.

Los sueños suelen ser especialmente difíciles de conservar en la memoria porque gran parte de ellos se desvanece rápidamente después de despertarnos. La transición entre el sueño y la vigilia puede hacer que ese contenido desaparezca antes de que tengamos tiempo de recuperarlo.

El momento del despertar también puede influir. Cuando una persona se despierta durante determinadas fases del sueño, puede tener más posibilidades de recordar lo que estaba soñando.

Hay además un pequeño truco que puede ayudar: intentar reconstruir el sueño inmediatamente después de abrir los ojos, antes de mirar el teléfono o comenzar a pensar en las actividades del día.

Por eso, si alguna vez te despertaste convencido de haber tenido un sueño increíble y lo olvidaste antes de llegar al baño, no necesariamente significa que no lo recuerdes bien. Es posible que simplemente no hayas tenido tiempo de fijarlo en la memoria.

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