Cuando una casa está muy desordenada, empezar a acomodarla puede parecer una tarea interminable. Mirar todo lo que hay que hacer puede generar justamente el efecto contrario: no hacer nada.

Una estrategia sencilla consiste en cambiar completamente el objetivo. En lugar de proponerse «ordenar la casa», hay que elegir un único espacio y dedicarle solamente cinco minutos.

Se puede poner un temporizador y durante ese tiempo guardar objetos, tirar lo que ya no sirve, acomodar la ropa o despejar una mesa. Cuando suena la alarma, la tarea puede terminar ahí.

La clave está en que empezar suele ser mucho más difícil que continuar. Una vez que un pequeño sector quedó ordenado, es posible que aparezcan las ganas de seguir.

Además, dividir una tarea grande en acciones pequeñas reduce la sensación de esfuerzo y hace que el objetivo parezca mucho más alcanzable.

No se trata de transformar toda la casa en cinco minutos. Se trata de demostrar que cinco minutos alcanzan para empezar a cambiarla.

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